De
Teotihuacan a Palenque ( II )
La leyenda de la Xtabai es
que había dos hermanas gemelas, lindas e idénticas como dos gotas de agua, sólo
que una se daba a los hombres por compasión, para ayudarles a sobrellevar este
castigo de los dioses que es la vida, y por el contrario la otra era muy pura y
virginal, y arisca con sus pretendientes a los que temía y rechazaba, debido al
terror que la conmocionó por presenciar un parto.
Las dos murieron jóvenes y
de la pecadora nació la flor de xtabentún que es bella y aromática, mientras
que de la que no lo cató nació la tzacam del cactus, también bella pero sin
aroma, y que suele hacer que te pinches las narices si te agachas a olerla.
Cuando allá en la morada de
los dioses las gemelas volvieron a su mismo embrión de origen, dejaron de ser dos
dando lugar a la Xtabai, esa que a veces se da una vueltecita para recordar lo
vivido, y primero se deja de algún incauto contra una Ceiba, haciéndole creer
que le sube al cielo, pero que cuando ella se queda satisfecha le deja colgado
de ese mismo árbol. Que es por eso que dicen que “las mujeres yucatanecas saben
hacer que te sientas como dios, y es por eso que si te abandonan te dan ganas
de ahorcarte.”
Pero ya vamos a dejar atrás
la seductora Xtabai, para volar al sitio arqueológico de Palenque, donde a mediados del siglo pasado, Alberto Ruz, jefe de la zona maya
del INAH de México, obsesionado con las fotografías de esas ruinas mayas que en
1885 había tomado Desiré Charnay, consiguió que le aprobaran un ambicioso
proyecto y se instaló en el yacimiento arqueológico para excavarlo desde 1948.
Y en verdad que lo hizo a conciencia. Primero mandó levantar planos de la zona
marcando los cerrillos que se elevaban de entre la maleza acumulada por siglos
de abandono, sospechando que muchos de ellos encerrarían edificios mayas, como
así fue. Luego mandó desescombrar algunos de aquellos montículos, centrándose
en el que bautizó como “Templo de las inscripciones”, por las muchas que
contenía dicho edificio escalonado que en las fotos de Charnay ya asomaba de
entre una montaña de sedimentos.
Después de retirar cientos
de toneladas de tierra y materia vegetal que lo cubrían, pues pudo ya hacerse
idea de que aquel monumento tenía su importancia. Claro que… os comencé
Palenque casi por el final y pensaréis que me he comido algunos rollos de
película. Así que mejor hago otra pausa y cuando vuelva os cuento mejor, desde
donde lo dejamos al marcharse a Tabasco con su idolatrada aquel Fray Pedro.




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