De Teotihuacan a Palenque ( III )
Sin dejar de admirar la imponente naturaleza que nos sale al paso, nos vamos aproximando cada vez mása Palenque,
recordando que apenas se volvieron a mencionar las ruinas de esta ciudad desde la
desaparición de aquel fraile dominico, según sus superiores arrastrado por el
deseo carnal, según los choles de Santo Domingo de Palenque porque se le
llevó la Xtabai, o según creencia de los indigenistas porque es que no quiso
por más tiempo ser cómplice de la explotación de los indios denunciada al
detalle por su contemporáneo Fray Bartolomé de las Casas. Así que el misterio
de este controvertido personaje sigue sin desentrañar, y aunque indagaremos en
la capital cultural de Chiapas, San Cristobal de las Casas, nos hemos vuelto a España
ignorantes de cual pudo ser su verdad. Como nota práctica, para visitar esta ciudad hay que subir
la sierra y el frío puede hacerse sentir, por lo cual nos recomiendan no
olvidar nuestras “cobijas” para el caso de querer abrigarnos.
El clima serrano justifica la
vestimenta típica de las mujeres cristobaleñas: falda de lana negra virgen de
borrego, bien peluda. Como volvemos
a intentar que nos cuenten acerca de lo que pudo acontecerles a la indita chole
y al fundador del actual Palenque, una jovencita vendedora de manufacturas para
los turistas nos proporcionaría la versión más piadosa, según la cual el fraile,
como buen padre de su hija espiritual, la propició un buen matrimonio con uno
de los caciques lacandones…
Tras lo cual desistimos de seguir preguntando para visitar someramente esta San Cristobal antes de seguir hacia el sitio arqueológico.
Nos cuentan que a partir de aquel siglo XVI pasaron por aquí innumerables frailes, exploradores, buscadores de tesoros, e indagadores de respuestas sobre Palenque y su fundador, pero, en cuanto a las ruinas mayas cada vez más comidas por la selva, hubo que esperar hasta que a mediados del pasado siglo apareciera para quedarse en ellas Alberto Ruz, quien hallaría en 1952, en la entraña de una de las pirámides palencanas, la tumba de su décimo primer rey, cubierto por una lápida de cinco toneladas toda ella labrada con inscripciones donde los “cuartomileniaristas” creen ver un astronauta pilotando su nave interestelar. (En realidad representa al monarca Pakal II emergiendo de la tierra en un acto de renacimiento como dios del maíz, que como la sagrada hortaliza, crece, envejece, muere y va al inframundo de donde renace cíclicamente).
En la siguiente ocasión os
contaré con detalle cómo el tesoro definitivo, que buscaban tantos aventureros,
esperaba intacto la llegada del mexicano Instituto Nacional de Arqueología e
Historia (INAH).



No hay comentarios:
Publicar un comentario